viernes, 1 de julio de 2011

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“El señor Cuca deja la pluma, dobla la hoja, la mete en un sobre. Se levanta, coge de su baúl una caja de caoba, levanta la tapa, deja caer la carta en su interior, abierta y sin señas. En la caja hay centenares de sobres iguales. Abiertos y sin señas.
El señor Cuca tiene treinta y ocho años. Él cree que en alguna parte, por el mundo, encontrará a una mujer que, desde siempre, es su mujer. De vez en cuando lamenta que el destino se obstine en hacerle esperar, con obstinación tan descortés, pero con el tiempo ha aprendido en el asunto con gran serenidad. Casi cada día, desde hace ya años, toma la pluma y le escribe. No tiene nombre y no tiene señas para poner en los sobres, pero tiene una vida que contar. Y ¿a quién sino a ella? Él cree que cuando se encuentren será hermoso depositar en su regazo una caja de caoba repleta de cartas y decirle
- Te esperaba.
Ella abrirá la caja y lentamente, cuando quiera, leerá las cartas una a una y retrocediendo por un kilométrico hilo de tinta azul recobrará los años -los días, los instantes- que ese hombre, incluso antes de conocerla, ya le había regalado. O tal vez, más sencillamente, volcará la caja y, atónita ante aquella divertida nevada de cartas, sonreirá diciéndole a ese hombre
- Tú estás loco.
Y lo amará para siempre”.

...

Cuando tengo mucho miedo, noto que la mecánica de mi corazón patina hasta tal punto que parezco una locomotora de vapor en el momento en que sus ruedas chirrían en una curva. Viajo sobre los raíles de mi propio miedo. ¿De qué tengo miedo? De ti, en fin, de mí sin ti. El vapor, pánico mecánico de mi corazón, se filtra por debajo de los raíles.

lunes, 27 de junio de 2011

Hagamos un trato.

Hagamos un trato...
Yo te llevo el desayuno a la cama, no digo una vez ¿eh?
Digo todos los días de mi vida.
¿Fútbol? Lo justo.
Algún partidillo, poco más.
Y te prometo que jamás tendré tripa.

A cambio de eso, no te pido nada, simplemente
que estés conmigo, ese es el trato.



Porque una golondrina no hace el verano, ni un solo día, y así tampoco ni un solo día ni un instante bastan para ser venturoso y feliz.

domingo, 26 de junio de 2011

Mala mano.

As y reina de corazones, mano perfecta.
Todas las de ganar, en juego : 
Todo el oro del mundo y un corazón.
Notas como entras en calor y te muestras excitado.
No hay oponentes, solo tú y al otro lado, ella.
Te confías, tienes buenas cartas y todas las de ganar.
La más larga mano de tu vida. No hay termino medio :
O ganas, o pierdes.
Avanza el juego y cada vez te pones más nervioso,
en cuestión de segundos cambiará tu vida.
Se acerca el final, se te comienza a dibujar una sonrisa en la cara.
Se ilumina tu rostro y te llenas por dentro.
Queda una carta por virar, pero tú ya te ves ganador.
Se voltea la carta, mala suerte, has perdido.
Tan cerca pero a la vez tan lejos. Ya no puedes hacer nada.
Sientes como te invade un escalofrío que te deja de piedra.
Tienes miedo a volver a jugar, no te gusta ese juego.
Sin embargo, lo cerca que estuviste de ganar la anterior vez,
hace que quieras volver a intentarlo.
Juegas un par de partidas bien, y empiezas a dominar el juego.
A pesar de todo,  en otra mano fatídica, vuelves a perder.
Se repite la misma historia y pierdes los ánimos.
Dejas de jugar un tiempo ...